La estrategia en los vuelos comerciales: ¿abusiva o inminente?

Por agosto 7, 2017Sin categoría

Para nadie es un secreto que la experiencia de un pasajero en un vuelo comercial, nacional o internacional, ha cambiado. Desde el reglamento en cuanto al equipaje hasta la oferta de comida, la industria ha sufrido ajustes importantes. Cada vez más resulta más difícil distinguir una “primera clase” en la actualidad de un asiento económico de hace 15 o 20 años en un simple vuelo Santo DomingoNueva York. Los asientos casi no permiten acomodarse. Otra opción sería pagar más, pero en un mundo en el cual la clase media es cada vez más grande, ¿quién no prioriza precio sobre comodidad con tal de llegar a su destino? Automáticamente asignamos la culpa a las aerolíneas abusivas que “no piensan en el cliente” y solo buscan “ganar más dinero”. Pero ¿acaso este no es el objetivo de todo negocio?

Cuando pensamos en cuánto ha cambiado nuestra experiencia como pasajeros aéreos, inmediatamente pensamos en los asientos. Constantemente nos quejamos de qué tan estrechos son estos, los pasillos, la distancia entre la fila delantera y la nuestra; y realmente tenemos razón. No son sensaciones fallidas. La contracción del espacio es una realidad. Ahora, ¿hemos pensado por qué sucede este fenómeno?

Consideremos un mundo con un crecimiento poblacional indetenible. Ahora agreguemos el hecho de que el acceso general a vuelos ha aumentado: los ingresos per cápita globales han aumentado; cada vez hay una mayor gama de planes de vuelo con distintos precios, una mayor utilización de sistemas como millas, entre otras facilidades. ¿Qué implica esto? Que cada vez hay una mayor demanda de asientos aéreos. Asumamos que añadir más y más vuelos sería la opción viable:

  1. Los gastos totales y el costo promedio por pasajero absorbido por la aerolínea podrían aumentar. Dicho incremento se contrarrestaría con un aumento en los precios por boleto aéreo, equipaje o compras dentro del avión. Afirmar que sucedería esto implicaría un estudio un poco más extensivo sobre la estructura económica de la industria, observando el comportamiento de los ingresos y gastos en función de “su producción”.
  2. Eventualmente, en el mediano o largo plazo, habría que reestructurar los sistemas de organización de vuelos e incluso, adaptar aeropuertos para que tengan la capacidad de recibir un mayor volumen de vuelos.

Entonces, ¿cuál termina siendo la solución? Adaptar las aeronaves para que puedan aumentar su capacidad de vuelo.

En marzo de 2017, CNN publicó un impactante artículo exponiendo algunas patentes de nuevos asientos en aerolíneas comerciales. Una primera patente propone dos líneas de asientos, una exactamente encima de la otra; no en pisos diferentes, simplemente una encima de la otra. Esta patente sugiere colocar a los pasajeros uno encima del otro.

Una opción más drástica es una segunda patente, que implicaría ponerse “medio” de cuclillas, sin posibilidad de reclinar los asientos, y reduciendo los espacios entre la fila delantera y la trasera. Sin muchos rodeos, es prácticamente permanecer semi-parados durante todo el vuelo.

Ambas propuestas buscarían hacer espacio para más pasajeros, pero los expertos ponen en duda qué tan convenientes son para el pasajero en términos de salud, si permitirían una evacuación efectiva, entre otras grandes preocupaciones. Sin embargo, CNN asegura que la “pesadilla” de un vuelo de pie está todavía muy lejana.

Si pensamos en cómo la comida ha cambiado, o cómo ahora se cobra cada maleta libremente, el fundamento es el mismo: mantener una relación costo-beneficio saludable. Sobre todo, en el segundo inciso, existen otras cuestiones relacionadas al peso de las maletas, agilización del proceso de despegue, cumplimiento con los tiempos de salida y llegada, o incluso de índole tributaria en las cuales no entraremos en detalle ahora mismo. Y si incluimos el tema medioambiental, el cual tiene una importancia vital, o cuestiones de índole macroeconómica, probablemente nunca terminemos el debate.

En definitiva, diseñar un sistema de vuelos comerciales óptimo tanto para los pasajeros como para las aerolíneas, aeropuertos y demás autoridades regulatorias es una labor laberíntica. Al final, todos queremos llegar a nuestro destino en las mejores condiciones. Las aerolíneas quieren cumplir con sus servicios de transporte, pero de una manera que asegure una rentabilidad mínima. Queda pendiente entonces, ¿cómo distinguimos entre las condiciones abusivas y aquellas que son simplemente inevitables? ¿O acaso las condiciones de vuelo “abusivas” serán, lamentablemente, inminentes?

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