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Reyna Gomera

Estanflación

Por | Sin categoría | No Comments

En ciertas ocasiones hemos podido presenciar elevados niveles de precios que persisten durante largos periodos de tiempo, en otras hemos notado cómo las economías crecen a muy bajas tasas ─incluso inferiores a cero─ al tiempo que existe un arraigado nivel de desempleo que mantiene en paro a una gran masa de personas. Estos dos eventos pueden ser perjudiciales por sí solos para el bienestar económico de cualquier país, sin embargo, la problemática se agrava cuando ambas situaciones coinciden dando lugar al fenómeno económico conocido como estanflación.

Previo a los años 70, se consideraba que en periodos expansivos caracterizados por niveles de empleos elevados y bajas tasas de interés que incentivaban el consumo y que desembocaban en una mayor demanda agregada, existía un equilibrio con un mayor nivel de precios, pero también con una mayor producción.

Asimismo, se pensaba que, en periodos restrictivos influenciados por altos tipos de interés y elevados niveles de desempleos, que provocaban una caída abrupta del consumo, el equilibrio se localizaba en una menor producción con una inflación moderada. En pocas palabras, se tenía la creencia de que resultaba imposible presenciar un espiral ascendente de los precios y una recesión económica de forma simultánea.

A mediados de la década del 60 e inicios de los 70 el rumbo del pensamiento cambió definitivamente, al evidenciarse en Reino Unido la coexistencia de una inflación desmedida y descontrolada, con un estancamiento económico y altos índices de desempleo. Estos hechos de manera conjunta profundizaban la gravedad de la situación económica posicionando a los agentes en una posición de pérdida.

La estanflación significa un reto para cualquier economista o hacedor de políticas económicas, debido a que las medidas tradicionales para atacar las problemáticas de forma individual son totalmente adversas. Por ejemplo, para reducir la inflación los bancos recurren a aumentar las tasas de interés lo que culmina en una ralentización del crecimiento económico (un estancamiento de la actividad económica).

Por el contrario, si desean reactivar la situación económica la regla por excelencia sería aplicar una política expansiva para inducir a una disminución de los tipos de interés, hecho que puede provocar desajustes considerables en el nivel de precios (inflación) y alterar aún más la estabilidad.

Los mejores resultados se han obtenido de políticas destinadas a mejorar el mercado laboral otorgando mayores facilidades a los empleadores y empleados, mediante la creación incentivos con tasas impositivas al sector empresarial más bajas, con un mercado menos intervenido por el Estado y una distribución dada por la naturaleza misma, entre otras.

La estanflación es un problema que merece suma atención, dada la dificultad a la hora de atacar sus males. Es por ello, que las economías deben mantenerse alerta cuando presentan las situaciones planteadas anteriormente de forma simultánea.

 

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Eficiencia e Igualdad: objetivos similares con resultados diferentes

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Como la historia nos fue contada, la ciencia económica surgió con la misión de gestionar los recursos escasos de manera eficaz para satisfacer las necesidades humanas. Ahora bien ¿qué ha pasado en el transcurso de los años con este cometido?, ¿acaso las necesidades de algunos han podido pesar más que las de otros?, ¿será que la economía o más bien algunos economistas han olvidado su misión social?

En los últimos años nos hemos sumergido en lograr que nuestras economías crezcan más allá de su potencial, en que las producciones aumenten a un ritmo jamás registrado sin importar en ocasiones cómo lo logramos, en ocupar todo el capital disponible al tiempo que disminuimos los costes en la mayor cantidad posible. En pocas palabras, nos hemos enfocado en que nuestros mercados sean cada día más y más eficientes. Bien es cierto que esta también es nuestra meta, pero ¿alguna vez nos hemos sentado a meditar en qué punto se contraponen esta búsqueda insaciable de la eficiencia con el bienestar social?

Es aquí donde nuestros objetivos se distorsionan. La dificultad de encontrar un punto óptimo en el que se aproveche al máximo todos los bienes dados sin comprometer o perjudicar aún más las condiciones de una sociedad ya vulnerable.

Para ilustrar tenemos el caso de los Estados Unidos, una de las economías más eficientes con mercados sumamente flexibles, desregulados -casi en su totalidad-  y altamente competitivos, pero con niveles de desigualdad preocupantes. De acuerdo con datos estadísticos, luego de culminada la crisis financiera del 2007-2008, el 1% más rico de la población estadounidense conservaba aproximadamente el 20% de los recursos económicos, mientras que la condición económica del 99% restante empeoraba.

La situación aún perdura como si se tratase de una fotografía. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el coeficiente de Gini para el país norteamericano en el periodo 2013-2014 llegó a 0.40 (siendo 1 completamente desigual), por encima de países desarrollados como Reino Unido y la gran mayoría de la Unión Europea (UE).

Una de las razones por las que todavía no se efectúan cambios tan marcados es porque existe un pensar arraigado de que una distribución más equitativa del ingreso podría causar desincentivos al trabajo y la inversión. En adición a esto, muchos economistas consideran costoso elaborar e implementar políticas de redistribución como una reforma del código tributario o el establecimiento de un salario mínimo.

El economista estadounidense Arthur Okun apuntaba que era inevitable renunciar a la igualdad o al menos una fracción de esta por la tan anhelada eficiencia. Para sostener su punto recurría al hecho de que los costos administrativos evitaban que todos los recursos sustraídos de los ricos llegarán en su totalidad a los pobres, y que el resultado final de esta operación no era más que la creación de desincentivos que terminaban empeorando aún más la condición de ambas partes, es decir, se generaba una situación deficiente y aún más desigual.

Demos por sentado que el trade-off entre eficiencia económica e igualdad es imposible de evitar, entonces nuestra tarea es encontrar medidas que reviertan la pérdida social sin crear las tan indeseadas distorsiones de mercado. Preguntemos si en los tiempos que vivimos es posible crecer con los niveles de desigualdad que estamos ostentando, ¿acaso este crecimiento será sostenible si la gran masa de la población no crece?

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Tasa de interés de referencia

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Es muy frecuente leer en las noticias económicas que los Bancos Centrales han optado por realizar cambios en sus tasas de interés de referencia. A pesar de las tantas ocasiones en que se hace alusión a este término, es probable que algunos agentes desconozcan a detalle qué es y qué importancia tiene en su vida cotidiana.

La tasa de interés de referencia es un instrumento utilizado para llevar a cabo política monetaria, por lo que también se le conoce como tasa de interés de política monetaria (TPM), y suele ser empleada para influir en el comportamiento de otros indicadores económicos. Además, es utilizada por las entidades financieras como guía para colocar el precio de los servicios financieros.

Una alteración de esta tasa conlleva a una reactivación o ralentización de la actividad económica, dependiendo de la dirección en la que se ha efectuado el movimiento. Supongamos que analistas expertos auguran un estancamiento de los precios, lo que ocasiona claramente una disminución en el ritmo de crecimiento del país; las autoridades optarán por disminuir la TPM, a modo de lograr un estímulo en la economía. Por el contrario, si la economía está sobrecalentada, se preferirá aumentar la tasa para provocar una desaceleración de la actividad y moderar el ritmo de inflación de precios.

El mecanismo por el cual ocurre este ajuste es complejo, pero a grandes rasgos sucede de la siguiente manera: luego de proyectar un bajo nivel de crecimiento (menor que el previsto), se decide disminuir la tasa de referencia; esta medida impacta paulatinamente en las operaciones de mercado abierto (depósitos remunerados y subastas de letras a un día), para posteriormente  influir  en el precio de las operaciones crediticias interbancarias de muy corto plazo, lo que ocasiona que los bancos se otorguen créditos entre sí a un menor coste que en la situación anterior.

El efecto de la situación anterior es claro, con precios de operaciones más bajos, los bancos podrán ofrecer a su cartera de clientes préstamos a una menor tasa. Con todas las entidades financieras operando bajo esta situación, se tendrá mayor liquidez en el mercado, y se habrá logrado el objetivo.

La importancia de esta tasa de interés de referencia radica en el efecto que tiene sobre las tasas de los bancos del país, el menor o mayor coste de las operaciones financieras y el impacto de sus movimientos en la actividad económica.

 

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