En lo que el hacha va y viene

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Desde inicios de 2014, la economía dominicana logró mostrar un excelente desempeño económico. Trimestre a trimestre pudimos ver altos niveles de crecimiento atado a bajas tasas de inflación, fluctuaciones cambiarias estables, dinamización de los préstamos, reducciones del desempleo, entre muchas otras cosas. Se reconoce que dicho dinamismo fue el producto de políticas internas conjunto con diversas condiciones en el mercado externo que fueron aprovechadas por la administración. Sin embargo, como se esperaba, el mismo no perduró.

A partir del cierre de 2016 se evidenció una ralentización de la actividad económica que se consolidó en el primer semestre del 2017 (crecimiento de 4.0% en 2017 Vs 7.7%, 7.2% y 7.4% en el período 2014-2016, respectivamente). Desconcertados con lo manifestado por los mercados, el pasado agosto, las autoridades monetarias volvieron a apostar por una dinamización del crédito para reactivar la actividad económica (al igual que en 2013). Para ello se implementaron dos medidas para hacer atractivo un crédito que además de haberse ralentizado, comenzó a tener problemas de morosidad.

Esto último es parcialmente producto de la postura de crédito tomada en 2013, que incrementó los niveles de flexibilidad de crédito (conocido como Z en los modelos crediticios). Como era de esperar, las consecuencias de estas iniciativas no comienzan a asimilarse hasta un plazo aproximado de un año cuando disminuye considerablemente el poder adquisitivo de los individuos y no tienen con qué pagar sus deudas.

La actual inclinación a la canalización de crédito al sector privado debe considerar las deficiencias del sector financiero. A de noviembre el comportamiento de la cartera se ha mantenido prácticamente igual, y como resultado, la banca cuenta con un exceso de liquidez y debe hacer frente a su costo de oportunidad.

El panorama coyuntural sugiere que el gobierno busca un mecanismo para generar crecimiento, aunque esto venga con su costo. En nuestra economía, en lo que el hacha va y viene, el crecimiento de corto plazo se hace más relevante para los tomadores de política en la incesante búsqueda de un ambiente de estabilidad política y económica.

Exceptuando las más recientes reformas educativas, las políticas gubernamentales actuales no están comprometidas a incrementar la productividad, la eficiencia, la calidad del capital humano y muchos otros elementos que permiten explotar el potencial de la economía. Es necesario que comencemos a invertir en otros sectores para expandir las posibilidades de producción.

Ahora que los mecanismos tradicionales comienzan a verse menos efectivos, la evaluación de políticas (y de sus costos de oportunidad) que puedan enfocarse en estos objetivos mencionados anteriormente se hace mucho más relevante. Todo esto con la ayuda de medidas de Monitoreo y Evaluación (M/E) que permitan estudiar de manera robusta la efectividad e impacto real de dichas iniciativas es lo que nos facilitará la visualización de una mejora macroeconómica que provenga desde los hogares.