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Enrique Penson Brisindi

La curva de indiferencia

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A la hora de analizar la forma en que los consumidores toman decisiones, un concepto clave es la curva de indiferencia, que completa el análisis hecho anteriormente sobre la restricción presupuestaria.

La idea de una curva de indiferencia consiste en que los consumidores son capaces de definir diferentes canastas de bienes y servicios entre las que son indiferentes. Como ejemplo extremo, y trivial, se puede definir el problema de elegir entre vasos de agua y galletas. Existe cierta relación de intercambio entre ambos bienes, de forma que la ausencia de un vaso de agua se puede contrarrestar, en términos de utilidad (otra palabra en lenguaje económico para la felicidad), con cierta cantidad de galletas.

Una característica ampliamente aceptada de las curvas de indiferencia es que cuando las canastas de bienes se mueven hacia valores extremos, la tasa de intercambio entre los bienes tiende a infinito. Por ejemplo, en la medida que una persona cada vez acepta menos vasos de agua, necesita muchas más galletas para compensar la utilidad perdida. De hecho, en el límite (cuando no tiene agua), no existe cantidad de galletas suficiente para compensar la ausencia de agua.

La forma en que el concepto de curva de indiferencia enlaza con el de restricción presupuestaria es que los consumidores, habiendo definido mentalmente las relaciones entre los distintos conjuntos de bienes y servicios entre los que son indiferentes, adquieren aquel que les brinda la mayor utilidad, y a la vez no supera su restricción presupuestaria. De esta forma los consumidores logran la asignación más eficiente de sus recursos limitados.

Solvencia y Liquidez

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La solvencia y la liquidez son dos conceptos que reflejan la situación financiera de una empresa y/o una persona; son conceptos simples que a veces se cofunden entre sí, por eso aclararlos apoya en gran medida la educación financiera de las personas y por tanto el buen manejo de sus finanzas personales y las finanzas de las compañías que poseen.

La solvencia y la liquidez hablan sobre la capacidad de cumplir con obligaciones asumidas. Sin embargo, mientras que la solvencia explica la capacidad (o no) de pago de las obligaciones de largo plazo, la liquidez se concentra en la capacidad de pago en el corto plazo.

Para explicar mejor el concepto, podemos pensar en dos compañías. La primera posee más activos que pasivos, lo que significa que es solvente (en el largo plazo sus obligaciones están cubiertas), sin embargo, posee deuda de corto plazo que no puede cubrir con sus activos de corto plazo (efectivo, por ejemplo), lo que la hace ilíquida. La segunda compañía tiene compromisos de corto plazo que sí puede cubrir (tiene liquidez), pero sus obligaciones totales (pasivos), son mayores a sus activos, haciendo que su valor en libro (patrimonio) sea negativo; esta compañía es insolvente.

Los dos ejemplos ayudan a ilustrar que las dos condiciones de insolvencia e iliquidez no están necesariamente atadas entre sí, y pueden darse por separado. El ejemplo clásico de un problema de iliquidez en una compañía que es solvente es cuando ocurre una corrida bancaria: En la medida que todas las personas acuden al banco para retirar sus fondos, la institución no pose liquidez suficiente para cumplir con esta obligación. Sin embargo, la institución sí posee más activos que pasivos, ya que, aunque no puede cobrarlos de inmediato, tiene cuentas por cobrar en el futuro por todos los pagos esperados de sus préstamos e inversiones.

La importancia de manejar ambos conceptos es que son parte esencial de un buen manejo de las obligaciones de las compañías y las personas. La gestión responsable y eficiente de los compromisos de corto y largo plazo es clave para asegurar el éxito de cualquier emprendimiento.

Fecha de publicación original: 13 de julio, 2016

¿Fue oportuna la colocación de bonos soberanos?

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La colocación de bonos por US$ 2,500 millones en el mercado internacional del Estado Dominicano fue oportuna, al analizar las condiciones logradas, la situación actual de los mercados, y el nivel de confianza que refleja sobre la capacidad de pago del país.

De los US$ 2,500 millones colocados en el mercado internacional, US$ 1,000 correspondieron a un bono en moneda dominicana a 7 años a una tasa de 9.75%, y US$ 1,500 millones en dólares estadounidenses a 30 años a una tasa de 6.492%. La confianza de los inversionistas internacionales se notó tanto en la sobredemanda a la que se enfrentó el proceso de colocación, siendo una vez y media lo ofertado para los bonos en pesos y dos veces y media lo ofertado para los bonos en dólares, como en la disposición del mercado para aceptar títulos denominados en pesos.

La coyuntura internacional ha impulsado el rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a la baja, disminuyendo desde más de 3.3% a finales de 2018 hasta 2.7% en la fecha de colocación. De manera simultánea, el riesgo país percibido de República Dominicana, medido a través de la diferencia entre el rendimiento de sus bonos internacionales contra los bonos de EE. UU. por el Emerging Markets Bond Index (EMBI), se encuentra alrededor de uno de sus niveles históricos más bajos al compararse con el riesgo de Latinoamérica completa. La colocación a 30 años a 6.492%, al compararse frente al 2.7% de los bonos de EE. UU. al mismo plazo, resulta en un EMBI (percepción de riesgo) implícito de 3.8%.

Si se analizara el rendimiento de los bonos del país actualmente en el mercado internacional y se extrapola una colocación hipotética, se encontrará una tasa de alrededor de 6.6%, por encima de la lograda en este ejercicio de colocación, reflejando el apetito del mercado por bonos dominicanos.

La colocación de bonos en pesos dominicanos a 9.75% a 7 años contrasta con la curva local de Hacienda, que a ese plazo se ubica actualmente alrededor de 9.16%. Aquí se refleja el impacto del riesgo cambiario en los inversionistas externos, que es más alto que para los locales. El evento hace eco de la primera colocación de bonos soberanos denominados en pesos en febrero de 2018, a una tasa de 8.9% a 5 años, igual por encima del rendimiento de 8.15% que rentaban los bonos locales de Hacienda al mismo plazo.


Las apreciaciones expresadas en este artículo no constituyen bajo ningún concepto recomendaciones que puedan utilizarse como punto de partida sobre decisiones inversión, gestión empresarial, finanzas personales o cualquier otro tipo de decisión. Este artículo es solamente un ejercicio intelectual y de opinión sin ningún fin de asesoría o toma de decisión.

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¿Se avecina una crisis?

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Quizás no se avecina una crisis para República Dominicana, pero hay indicios de una en el mundo. Actualmente la bolsa norteamericana ha perdido alrededor de 14% de su valor (aproximadamente 1.3 US$ trillones) desde octubre, la curva de rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos está prácticamente invertida, y el precio del petróleo, uno de los indicadores por excelencia de las expectativas de crecimiento mundial, ha perdido 40% de su valor durante los últimos tres meses. Es cierto que los economistas predecimos nueve de las últimas cinco recesiones, pero mantenerse alerta nunca está de más.

Aunque quizás no podamos apuntar a la situación actual y pronosticar lo peor, definitivamente no es un momento riesgo mundial bajo. Esta coyuntura, sin embargo, ha tenido ya impactos tantos positivos como negativos en la República Dominicana. En lado negativo, un vistazo a las utilidades de las empresas financieras internacionales al cierre de 2018 dirá que, para aquellos que tienen inversiones fuera del país, el año fue bastante difícil. En el lado positivo, la disminución drástica del precio del petróleo en 40% ha significado un ahorro en costos al que probablemente puede atribuirse una parte del crecimiento de 7% con que el Banco Central estima cerró el 2018, principalmente en el último trimestre.

¿Qué puede hacer el Gobierno Dominicano frente a todo esto? Aprovechar la coyuntura y comprar petróleo a futuro, ya que no todos los años se ven precios en los alrededores de US$40 por barril. También debe prepararse para la época de vacas “no tan gorditas”, como las que vimos en el pasado reciente (que podría ser descrito como uno de los períodos de bienestar económico más duraderos de la historia económica dominicana), pero donde no se realizaron todas las reformas necesarias.

¿Qué podrían hacer algunas empresas -con cierto grado de sofisticación en sus finanzas? Evaluar la posibilidad de comprar petróleo a futuro si tiene un peso importante en sus costos. Definitivamente prepararse para la posibilidad de una desaceleración en sus operaciones en la medida que dependa de ventas al extranjero que sean sensibles al crecimiento mundial (es importante aclarar que muchas no lo son). Para los atrevidos, un mercado bursátil deprimido es un momento idóneo para comprar acciones; particularmente el sector financiero y de tecnología en la bolsa de EE. UU. se han contraído bastante, dando paso a valoraciones atractivas para invertir a largo plazo.

¿Y el ciudadano de a pie? Mantenerse informado sobre el panorama económico y financiero local e internacional no es un mal primer paso, y organizar sus finanzas siempre es prudente. Siendo realista, la economía dominicana ha mostrado gran resiliencia ante turbulencia en los mercados globales, así que en ausencia de factores de riesgo más agudos en el panorama internacional (que ahora mismo no parecen existir), un desempeño negativo del mercado laboral dominicano, que finalmente es del que la mayoría de las personas dependen, no sería apreciable.


Las apreciaciones expresadas en este artículo no constituyen bajo ningún concepto recomendaciones que puedan utilizarse como punto de partida sobre decisiones inversión, gestión empresarial, finanzas personales o cualquier otro tipo de decisión. Este artículo es solamente un ejercicio intelectual y de opinión sin ningún fin de asesoría o toma de decisión.

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Señales de alerta en la deuda de los hogares dominicanos

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La carga financiera de los hogares es una variable que tiene que vigilarse con mucho detenimiento a la hora de formar expectativas sobre el comportamiento de los consumidores. Al caso de República Dominicana, es especialmente importante prestarle atención, ya que es razonable esperar que suba de manera más acelerada en el futuro próximo.

Estimar la carga financiera de los hogares es una tarea que requiere de diferentes insumos. Primero, es necesario calcular la masa salarial total mensual de los hogares dominicanos. A través de las encuestas de trabajo del Banco Central de la República Dominicana (BCRD) se puede construir una estimación de la masa salarial a partir de las horas trabajadas, el ingreso por hora promedio y la cantidad de ocupados ─que fueron en 2017 igual a 41.1 horas semanales, RD$99.28 por hora en ingresos y 4.35 millones de ocupados respectivamente─, lo que resulta en una masa salarial de RD$76.3 mil millones al mes.

A partir de los datos de la Superintendencia de Bancos (SIB) se puede construir una serie de pagos de intereses mensuales promedio por concepto de préstamos hipotecarios y de consumo, que para el cierre de 2017 ascendía a RD$7.2 mil millones, equivalente al 9.4% de la masa salarial estimada. Medida de esta manera, la carga financiera de los hogares no ha aumentado mucho históricamente. Desde 2006 ─año en que la carga era igual a 7.5%─ apenas ha incrementado menos de 2%.

Para entender la invariabilidad de la carga financiera a la fecha, desde un período en que la deuda de las familias aumentó casi dos veces y media más que la masa salarial, se hace necesario analizar el segundo componente del pago de intereses: la tasa de interés.

Desde 2006 la tasa de interés promedio ponderada de los préstamos de consumo e hipotecarios ha disminuido desde 29% a 20%, una reducción de casi un tercio. La reducción de la tasa de interés promedio responde, principalmente, a un control efectivo y oportuno de la inflación en el país, especialmente después del año 2012, en que el BCRD adoptó un esquema de metas de inflación.

La baja relativamente constante de la tasa de interés promedio de la cartera de préstamos de los hogares, sin embargo, podría ser un fenómeno único en la historia financiera dominicana. La inflación comienza a repuntar y el futuro habla de aumentos graduales de las tasas de política monetaria internacionales, lo que empujaría al alza las tasas de interés en el país.

Es por esto por lo que vigilar el nivel de endeudamiento de los hogares es tan importante, ya que es posible verse rápidamente en una situación de sobreendeudamiento, reflejada a través de un aumento de la morosidad (lo que perjudicaría los estados de resultados de la banca privada de manera marcada). A este análisis habría que agregar el hecho de que las estadísticas de la SIB no muestran el endeudamiento total de los hogares, ya que no contiene información sobre el mercado informal al que acuden con frecuencia los hogares no bancarizados a tasas significativamente más altas que en el mercado formal.

Repensar las políticas de impulso al crédito, que en los últimos años se han enfocado mucho al consumo, es crucial para asegurar la sostenibilidad de la deuda privada en República Dominicana.

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El poder revelador de lo aleatorio

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¿Regalar laptops a los estudiantes aumenta sus calificaciones, su probabilidad de ir a la universidad, o su posterior salario? ¿Es efectivo incentivar a los padres a vacunar a sus hijos a través de pagos condicionados? ¿Se puede reducir la probabilidad de que delincuentes menores de edad violen la ley de nuevo exponiéndolos a experiencias de criminales en prisiones reales? ¿Es más efectivo impulsar programas de promesas de abstinencia o de educación sexual para disminuir los embarazos adolescentes y las enfermedades de transmisión sexual?

Las interrogantes anteriores son preguntas complejas pero muy relevantes, ya que sus respuestas tienen implicaciones sustanciales para la implementación de políticas públicas y privadas. Durante las últimas décadas, frente a situaciones en que el sentido común podría equivocarse y en las que el precio de un error es alto, ha ocurrido un auge en la simple, pero poderosa, práctica de hacer ensayos de control aleatorio (RCT, por sus siglas en inglés).

La premisa de un ensayo de control aleatorio es sencilla. Si decidimos implementar una política pública para el 100% del territorio nacional, nos enfrentamos al problema de que no sabemos qué hubiese pasado en un mundo sin la política. Este mundo alternativo o contrafactual (como se llama en estadísticas) es sumamente importante para evaluar el impacto de una medida. Solamente contrastando un mundo con y sin la política podemos conocer su verdadero impacto.

Aquí entra el ensayo de control aleatorio: Implementemos aleatoriamente la política a cada uno de los municipios del país y luego comparemos el efecto. Si la asignación fue verdaderamente aleatoria, la diferencia en resultados será igual al impacto de la medida.

Un beneficio agregado de los ensayos de control aleatorio es que no hay que tomar un país completo como muestra. Se pueden escoger aleatoriamente 100 escuelas para recibir entrenamiento especial en sus profesores, y luego proceder a medir los resultados. Las conclusiones que de este estudio se derivarían serían igual de sólidas estadísticamente a un estudio de mayor escala, aunque se obtendrían a un precio significativamente menor. Divide et Vinces.

Esta reducción de costos hace posible evaluar, en escenarios pequeños y poco costosos, diversas propuestas de políticas públicas y contrastar sus resultados con la rigurosidad científica que se merece cualquier decisión del Estado que utilice fondos públicos.

La metodología de ensayos de control aleatorio no solamente tiene aplicaciones en el mundo de las políticas públicas, sino también sobre las decisiones de las empresas. Google es conocido por realizar este tipo de pruebas aleatorias: sin que la mayoría de sus usuarios lo sepan, la ventana de resultados que vemos al utilizar Google varía constantemente para evaluar el comportamiento de los usuarios (por color, tamaño de letras, orden de resultados, entre otros elementos). Amazon hace lo mismo, alterando el orden y configuración de su página web para incentivar más compras.

Los supermercados pueden probar la efectividad de cambios en el posicionamiento de los productos en los estantes, así como los bancos pueden probar si un correo, mensaje de texto o una llamada es más efectiva para recordar que se acerca el día de pago de una tarjeta de crédito. Las posibilidades son muchas, y el potencial aumento en la rentabilidad definitivamente alto.

Sobre las preguntas al inicio de este artículo, existe evidencia de que regalar laptops no es tan efectivo como se pensaba, y los pagos condicionados sí aumentan la probabilidad de vacunar a los hijos. Exponer a jóvenes delincuentes a la realidad de los criminales adultos en prisión parecería aumentar su probabilidad de delinquir de nuevo. Finalmente, a pesar de que las promesas de abstinencia son vistas de manera positiva, la experiencia con ensayos de control aleatorio indica que la educación sexual es clave en lograr reducciones en los embarazos y en las enfermedades de transmisión sexual en jóvenes adolescentes.

En este momento es propicio hacer una confesión. Todas las personas que llegaron a este artículo haciendo clic desde un correo recibido por ser parte de nuestro grupo de suscriptores (al que puede suscribirse pulsando aquí), fueron sujetas a un experimento aleatorio. La mitad recibió un correo con características distintas a la otra mitad. Esta segmentación, aunque simple, tiene el potencial de alterar la probabilidad de que alguien tome cinco minutos de su tiempo, haga clic en el link a nuestra página, y aprenda sobre los efectos transformadores de los ensayos de control aleatorio en su vida, su trabajo y su gobierno.

Resultados del experimento:

El resultado de esta prueba de correos con características diferenciadas (en este caso el asunto del correo), es que una de las opciones (título “Divide et Vinces”) generó una tasa de apertura de correos 14% mayor con un 99% de confianza estadística. Aunque la prueba parece simple, su resultado es significativo e importante, y prueba el poder de un ensayo de control aleatorio (el contraste de muestras seleccionadas al azar es incuestionable). En la medida que el Estado y las empresas incorporen estas prácticas en sus procesos de decisión, lograrán mejores y más significativos resultados.

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¿Por qué el Gobierno gasta tanto en diciembre?

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Es evidente que el gasto del gobierno dominicano aumenta considerablemente al cierre de año fiscal, ¿será que las estadísticas reflejan que en el Estado se intenta agotar la totalidad del presupuesto restante al final año? O ¿podría haber algún tema estadístico involucrado?

Parecería un hábito contraproducente, ya que el hecho de que sobren asignaciones presupuestarias al cierre de año indica que, primero, el ejercicio de elaborar presupuesto pudo ser mejor, y segundo, que sería posible cerrar con un déficit menor. Sin embargo, persiste la práctica de duplicar o triplicar el gasto mensual promedio del gobierno en diciembre respecto al registro de enero-noviembre.

Durante el 2017, según las estadísticas de la Dirección General de Presupuesto (DIGEPRES), el gasto mensual promedio estructural (que excluye el gasto extraordinario en calamidades), promedió RD$46 mil millones durante enero-noviembre, mientras que en diciembre el gasto ascendió a RD$114 mil millones, casi dos y media veces más que el promedio de los meses anteriores.

Se pensaría que la necesidad de pagar el doble sueldo de diciembre tiene una incidencia significativa en la aceleración del gasto público en el último mes, y esto es parcialmente cierto; no obstante, este gasto debe ser asentando todos los meses según el método contable de lo devengado, lo que hace más intrigante por qué existe un aumento del gasto promedio mensual en remuneraciones desde RD$13 mil millones durante enero-noviembre 2017 a RD$23 mil millones en diciembre del mismo año. Aun así, este aumento sólo explica el 15% del aumento del gasto total de diciembre sobre el promedio mensual del año 2017.

Si no fue el gasto en sueldos, ¿qué explicó el marcado aumento del gasto en diciembre de 2017 con respecto al resto del año?

Con la visión funcional del gasto se pueden identificar dos destinos clave en el gasto de capital que ayudan a responder esta pregunta.

  1. En diciembre se realizaron gastos asociados al sector eléctrico ascendentes a RD$28 mil millones ─alrededor de once veces más que lo que se gastó en esta partida en promedio durante el resto de 2017─; esta variación explica el notorio incremento de las transferencias de capital al sector público. Aquí solamente se puede hacer eco a la recomendación repetida cada año por el Fondo Monetario Internacional (FMI), junto a la de la mayoría de los economistas del país: trabajar el déficit estructural del sector eléctrico es una necesidad imperante para rescatar las finanzas públicas dominicanas.
  2. La inversión pública, descontada de las transferencias de capital, promedió RD$3.5 mil millones mensuales durante el periodo enero-noviembre 2017, y en diciembre ascendió a RD$14 mil millones ─cuatro veces más que el promedio del año anterior─. Aquí sí hay mucha tela por donde cortar. Se puede identificar, a través de las estadísticas de inversión por proyecto que publica el Ministerio de Hacienda, que el aumento responde a una diversidad de proyectos, lo que revela una falta de control en la gestión del gasto.

¿Por qué tantos proyectos de inversión necesitaban que se devengara la mayoría del gasto en diciembre, y no durante el año? ¿Esto responde a una necesidad operativa real? ¿O es que tenemos que revisar el sistema de estadísticas del gasto público? La realidad es que, estas preguntas no son sencillas de responder, pero discutirlas es esencial. La necesidad de hacer inversiones reales en el país que impulsen la productividad, los salarios reales y el crecimiento de largo plazo es evidente pero esta confusión en la ejecución de los proyectos de inversión hace difícil discernir qué es lo esencial.

 

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No es lo mismo, pero es igual

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El 2018 se vislumbra como un año en que muchas cosas cambian en la economía dominicana, y en que otras tantas quedan iguales. Habiendo mantenido un ritmo de crecimiento muy acelerado en la historia reciente, es conveniente evaluar cómo una posible reversión de esta tendencia tiene implicaciones transversales a todos los sectores y los hogares de República Dominicana.

La desaceleración del crecimiento económico de República Dominicana desde 7% hasta menos de 5% dificultaría el logro de las ganancias de la reducción del desempleo. Ya hace varios años economistas de renombre como Magdalena Lizardo y Rolando Guzmán estimaron que las reducciones del desempleo, que vienen impulsadas por crecimiento económico, requieren que el mismo se encuentre por encima de la tendencia de largo plazo para ser consideradas significativas. El gobierno debería considerar lo anterior dentro de su estrategia de asistencia social para anticipar el caso hipotético en que la misma inversión de años pasados no retorne en el futuro los frutos acostumbrados.

En materia de reformas estructurales el 2018 no se augura muy diferente a años anteriores. Sigue pendiente una reforma real al sector eléctrico, una discusión sobre el balance de los derechos de los trabajadores y la rentabilidad de las empresas en una reforma laboral, y una reflexión sobre el tipo de Estado que queremos, y cómo se va a financiar, en una reforma fiscal de ingresos y gastos. La reducción del crecimiento económico introduce trabas a la efectiva implementación de estas reformas, ya que ningún sector quiere enfrentar más cargas en el momento que sus ventas desaceleran.

Paradójicamente, es posible que la ralentización del crecimiento beneficie marginalmente al mercado de valores. La colocación de bonos está relativamente lenta, por lo tanto, los bancos se ven en la necesidad de mantener más liquidez y buscar activos alternativos en el universo limitado de inversiones del país. Generalmente en este escenario, las empresas se mostrarían reacias a hacer ampliaciones de su capacidad productiva, por lo que una mayor parte del excedente que generan se destinaría a ahorros en el mercado de valores con rendimientos por encima de la banca comercial.

Sin embargo, estos rendimientos han caído desde la segunda mitad del 2017, fruto de la misma liquidez de la economía y las medidas monetarias del Banco Central. Esta reducción de tasa implicó ganancias importantes en el mercado de capitales para muchos de los actores, y en el mediano plazo esto podría estimular a más empresas del sector privado a hacer emisiones nuevas a tasas más atractivas, ampliando así la oferta de inversiones para el mercado.

La capacidad de generación de divisas se hace cada vez más importante en un momento de ritmo económico reducido. A pesar de que el crecimiento del turismo y las remesas se mantiene alto, la situación no es así para las exportaciones y la inversión extranjera directa. El tratamiento de estas dos actividades en las reformas estructurales que se hagan durante los próximos años será decisivo en el desempeño futuro de las industrias exportadoras.

Los bienes producidos en el país son de excelente calidad. No es sólo el cacao, banano, aguacate, oro y textiles básicos los que hacen de República Dominicana un productor reconocido en el exterior. El país produce en sus zonas francas maquinarias de alta tecnología. Se ha demostrado que es posible tratar el cacao localmente y convertirlo en un chocolate terminado, con mayor valor agregado, un sabor único y perfectamente competitivo en mercados internacionales. Estas son solo pinceladas de lo posible en un ambiente de impulso a la actividad exportadora dominicana.

En resumen, el 2018 se vislumbra como un año en que muchas cosas cambian, y en que otras quedan pendientes. Luchar para que los temas difíciles se trabajen es una tarea ardua pero necesaria. La discusión de algunos tópicos es incómoda, pero exactamente por eso es por lo que es tan urgente que se tengan. Aprovechemos los apuntes que trazarían de nuevo los técnicos del Fondo Monetario Internacional (FMI) en las próximas semanas como punto de partida para conversar sobre la República Dominicana que queremos dejarle de legado a nuestros hijos, y los esfuerzos que hay que lograr para alcanzarla.

 

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Pronóstico reservado sobre la capacidad de generar divisas

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Existe evidencia de que la capacidad actual de generar y acumular divisas en República Dominicana es alta, pero que aún resta un potencial importante por explotar. Esto es especialmente importante porque el acervo (capital acumulado) de moneda extranjera de un país es un elemento esencial para garantizar la estabilidad macroeconómica.

Se conocen cuatro fuentes importantes de divisas en República Dominicana: remesas, exportaciones, turismo e inversión extranjera directa. Los últimos datos publicados por el Banco Central sobre los resultados de la economía en el período enero-septiembre 2017 arrojan que solo dos de estas cuatro fuentes sostienen un crecimiento importante. Las remesas familiares crecen a una alta tasa de 13.4% interanual y el turismo 7.7%, pero la inversión extranjera directa crece solo 2.5%, las exportaciones nacionales 3.4% y las exportaciones de zonas francas 2.4%.

El crecimiento desacelerado de los ingresos de divisas en República Dominicana se ha evidenciado en la capacidad de acumular reservas internacionales. En contraste con el 2016, en que las reservas netas crecieron en US$852 millones (16.4%), se espera que este 2017 cierre con un crecimiento alrededor de apenas US$260 millones (4.3%). En miras de mantener reservas equivalentes a tres meses de importaciones, que es una de las mejores prácticas recomendadas por los organismos internacionales, es imperante lograr un crecimiento más acelerado del acervo de divisas. Esto no solamente ayuda internamente a la economía dominicana, sino que también ayuda al Estado a obtener mejores rendimientos en sus colocaciones de bonos soberanos en los mercados internacionales.

La desaceleración de las exportaciones de zonas francas y el bajo crecimiento de la inversión extranjera directa en República Dominicana guardan una relación estrecha. En la medida que se logra una mayor inserción de capitales extranjeros en el sector exportador de zonas francas, el país se beneficia doblemente a través de la primera entrada de divisas (inversión) y de las posteriores entradas por la venta de productos (exportaciones). La ampliación de la participación de Ambev en la Cervecería Nacional Dominicana (CND) hasta 85%, pagando casi mil millones de dólares, es evidencia contundente de que República Dominicana sí tiene las condiciones necesarias para atraer grandes inversiones del exterior.

Recientemente la representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en República Dominicana reveló que sus estimaciones arrojan que el país apenas alcanza el 40% de su potencial exportador, y que este puede ampliarse si se atacan debilidades claves de la estructura económica del país, como el costo del transporte, la energía y la logística.

El gobierno tiene un rol importante que jugar aquí para garantizar las reformas necesarias para lograr estos avances. En agregado, se debe vigilar el panorama internacional para evitar ser sorprendidos por decisiones de potencias extranjeras. Por ejemplo, Pavel Isa recientemente identificó en un trabajo de investigación que el Tratado Trans-Pacífico (TPP) amenaza específicamente las exportaciones de confecciones textiles, productos plásticos, joyas y calzados; este tipo de investigaciones son buenos puntos de partida para encontrar industrias en necesidad de apoyo focalizado desde los hacedores de políticas públicas.

La necesidad de impulsar iniciativas públicas y privadas que impulsen el crecimiento de los ingresos de divisas sigue siendo un tema que no puede dejarse caer de la palestra.

 

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Adictos al crecimiento

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Desde el tercer trimestre de 2013 al primero de 2017 la economía dominicana mantuvo un crecimiento interanual de su Producto Interno Bruto (PIB) por encima de 5%, su tendencia de largo plazo. Este nuevo normal nos enseñó a esperar tasas de expansión altas en perpetuidad, haciéndonos en la práctica adictos al crecimiento.

La historia nos enseña que alrededor del 40% del tiempo el crecimiento del PIB dominicano se encuentra por debajo de 5%, que es el nivel de crecimiento de tendencia o natural que se ha estimado desde tanto el sector público y privado como el coherente dados los fundamentos de la economía. Es entonces un poco atrevido pensar que siempre contaremos con tasas casi 2% por encima de la tendencia en promedio, como ocurrió en los últimos 15 trimestres.

Durante el pasado reciente la economía dominicana fue impulsada, entre muchos factores, por la reducción drástica del precio del petróleo, la recuperación de Estados Unidos y Europa (sector turismo), la entrada en vigor del mecanismo de los fideicomisos y fuertes obras de infraestructura gubernamental (sector construcción) y un crecimiento robusto de la cartera de préstamos (sector financiero).

Es importante resaltar que las perspectivas de crecimiento de Estados Unidos y Europa son moderadas, debido a una diversidad de factores como la normalización de su política monetaria, posibles reformas fiscales regresivas, bajo crecimiento de los salarios, entre otros factores. El impulso del gasto público del Estado Dominicano al sector construcción ya se ha reducido, notándose en los últimos resultados revelados preliminarmente por el Gobernador del Banco Central que la industria constructora creció 0% en el período enero-agosto de este año comparado con el pasado.

A pesar de que la cartera de préstamos de República Dominicana mantiene un crecimiento moderado, se nota una reducción de los desembolsos acumulados al mes de agosto de RD$23 mil millones, atribuida de manera importante al sector público relacionado a la salud, que fue contrarrestado por el alto crecimiento de los desembolsos para préstamos de consumo. La morosidad del sector también se mantiene tendiendo lentamente al alza, impulsada por exactamente estos préstamos destinados al consumo.

Un crecimiento promedio por debajo de 5% por cierto tiempo es inevitablemente una señal de alerta, pero no una de pánico. Las autoridades monetarias ya han tomado medidas importantes para evitar que el crecimiento caiga de manera precipitada, y la entrada en vigor del pacto eléctrico debe ser un componente importante de impulso a la productividad de los negocios dominicanos en el mediano y largo plazo. Queda pendiente una discusión seria de la fiscalidad, pero no se puede hacer todo a la vez. Es de esperar, entonces, que durante los próximos trimestres nos enfrentemos y asimilemos la realidad de que nuestro PIB no va a expandirse siempre a tasas elevadas, haciendo aún más importante trabajar las reformas estructurales necesarias para impulsar la productividad, exportaciones y la industria nacional, y quizás convirtiéndonos un poco menos adictos al crecimiento.

 

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