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Georges Bournigal

¿Da lo mismo perder dinero que dejar de ganarlo?

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En las últimas décadas se ha ido desarrollando una rama de la economía relativamente nueva: la economía conductual. La misma incorpora al análisis económico factores psicológicos, sociales, cognitivos y emocionales, y observa cómo estos afectan a las decisiones de los individuos y empresas. La evidencia ha mostrado que en ocasiones las decisiones tomadas difieren de lo que señalaría la teoría económica clásica y por lo tanto es importante añadir los hallazgos de la economía conductual.

Son múltiples los nuevos conceptos que ha introducido esta rama de la ciencia, pero el día de hoy el MacroConcept se basa en lo conocido como: aversión a la pérdida. Este término pertenece a una teoría más grande llamada La Teoría de las Perspectivas, basada en un modelo que concluye que las decisiones de las personas están llenas de incertidumbre y riesgo, y que, por lo tanto, los agentes económicos deciden considerando bienestar o utilidad esperada. Al observar los resultados de la teoría se verificó que ocurría un fenómeno que el modelo clásico no predecía, los individuos eran adversos a las pérdidas.

La aversión a la pérdida consiste en preferir evitar una pérdida, a ganar la misma cantidad. Por ejemplo, el malestar o tristeza de perder mil pesos que ya teníamos es mucho peor que la felicidad que obtendríamos por ganar los mismos mil. O estaríamos dispuestos a apostar muy poco para ganar algo, pero tomaríamos mayores riesgos si se trata de recuperar una derrota. Igual se aplica para la motivación, en la mayoría de los casos actuaremos de manera más rápida ante un castigo que ante un premio. Se ve un comportamiento consistente a evitar una pérdida, aunque cuando se trata de una ganancia equivalente, el comportamiento no es igual.

Esta manera de actuar no se consideraba en los modelos económicos. Analítica y matemáticamente el agente debería comportarse igual ante ambas situaciones, pero esto no es lo que ocurre en la realidad. Asumir que no hay un peso adicional en las pérdidas sería un error grave al momento de realizar alguna política pública o un proyecto que afecte las decisiones de las personas. Estos podrían terminar siendo ineficientes.

La afirmación anterior se ve corroborada con el estudio “Can Small Incentives Have Large Effects? The Impact of Taxes versus Bonuses on Disposable Bag Use” escrito por Tatiana Homonoff en el 2017. En este se comparan dos políticas similares realizadas en los Estados Unidos para combatir el uso excesivo de bolsas plásticas. En algunos Estados se decidió imponer un impuesto de cinco centavos a la bolsa, en otros dar un bono de cinco centavos por cada bolsa que no utilizaban (ya que tenían una bolsa reusable o algo por el estilo).

Los resultados demuestran justo lo que se acaba de definir. La reacción de los agentes fue mínima ante el bono de cinco centavos, no cambiaron su comportamiento. Por el otro lado, los Estados con impuestos redujeron su uso de bolsas plásticas cerca de un 50% ya que no estaban dispuestos a pagar por algo que antes era gratis, a pesar de ser tan solo cinco centavos, eran adversos a las pérdidas.

He ahí la importancia de analizar los comportamientos de las personas. Desconociendo este principio, cualquiera podría ser indiferente entre otorgar un bono o aplicar un impuesto, cuando la medida óptima para reducir el uso de plástico era evidentemente un castigo al uso (impuesto), más que una recompensa a no usar (bono). Esta es la visión añadida que otorga la economía del comportamiento y sus conceptos.

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Educación en línea: las dos caras de la moneda

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Los costos de la educación superior han mantenido un alza constante a través de los años. Específicamente en el caso dominicano, la misma ha aumentado en 78% desde el 2011 a la fecha, según datos del Banco Central. La situación actual abre la puerta a la búsqueda de otras opciones para formarse académicamente.

Considerando lo anterior, el desarrollo de la tecnología y el fácil acceso a la información se hace atractiva la opción de evaluar la educación en línea como alternativa. Este tipo de educación es capaz de otorgar certificados y hasta maestrías, compitiendo con la educación presencial. Pero ¿podría algún día llegar a sustituir o competir con la educación cara a cara? Para responder esto, primero es necesario entender la composición del sector de educación y cómo ha ido cambiando.

Datos importantes del sector

Para 2017, en los Estados Unidos un total de 6,657,460 estudiantes estaban inscritos en algún curso en línea, lo que conforma un 33% de la población estudiantil total. Esta cifra significaba un crecimiento de 6.4% respecto a los registros del año anterior.

Es interesante observar a la población que apunta la educación a distancia. El 40% de los estudiantes en línea superan los 30 años, y de igual manera, el 76% de los programas señalaron que su público principal eran adultos que desean volver a estudiar después de una ausencia. Por lo tanto, se puede concluir que el grupo específico que recibe el mayor impacto de la educación en línea, son adultos probablemente con trabajo que buscan nuevas oportunidades de estudio.

Ventajas y desventajas

El aprendizaje en línea tiene ventajas y desventajas frente al aprendizaje presencial. Las ventajas parecen claras, además del menor costo, el estudiante puede manejar su tiempo según su conveniencia y seleccionar los cursos que más le interesen. De alguna forma el estudiante sería capaz de diseñar su propio pénsum de estudio según sus preferencias e ir desarrollándolo al ritmo que más le convenga según su situación. Como desventaja destacan la falta de interacción social y el valor añadido que puede otorgar un profesor presencial.

Evidencia empírica

Por lo tanto, llegamos a la pregunta final ¿podría la educación en línea verdaderamente llegar a ser un sustituto de la presencial? La respuesta es incierta, Caroline Hoxby, investigadora de Stanford, intentó responderla en el año 2017 con el paper “The Returns to Online Postsecundary Education”. En el mismo se mide la diferencia en salarios que brinda estudiar al menos tres años exclusivamente educación en línea y los resultados llaman la atención. Contrario a lo que de antemano se pudo haber pensado, la investigación demuestra que el aumento en el salario de los estudiantes en línea fue significativamente menor al de la educación presencial y que en muchos casos ni siquiera llega a pagar la inversión realizada. Estos resultados son obtenidos controlando por capacidades de los estudiantes, tipo de curso y cualquier otra variable que pueda hacer que los grupos no sean comparables.

¿Qué nos dice esto? Demuestra que la educación virtual no ha obtenido todavía la suficiente rigurosidad o aceptación para competir con la presencial en el mercado laboral, pero no significa que debemos olvidar los beneficios de la educación en línea, su potencial, y su efecto en la población que busca impactar. El público objetivo de este mercado está compuesto (en una gran proporción) por personas que buscan complementar sus conocimientos por requerimientos laborales, y por ende, el beneficio puede estar reflejándose fuera del salario. Además, la variedad de cursos en línea puede servir como complemento ideal para un currículum universitario y el bajo costo de estos puede aumentar el alcance de la educación a poblaciones necesitadas. La enseñanza en línea tiene un camino que recorrer, pero su capacidad de penetración en el sistema educativo le podría terminar generando más aceptación, logrando algún día más impacto en el mercado laboral.


Las apreciaciones expresadas en este artículo no constituyen bajo ningún concepto recomendaciones que puedan utilizarse como punto de partida sobre decisiones inversión, gestión empresarial, finanzas personales o cualquier otro tipo de decisión. Este artículo es solamente un ejercicio intelectual y de opinión sin ningún fin de asesoría o toma de decisión.

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