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Derechos de Propiedad

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Los derechos de propiedad son uno de los pilares principales de los sistemas económicos del mundo moderno. Su importancia radica en que son clave al discutir temas de equidad, distribución de la riqueza, recursos naturales, entre otros.

De forma general, el derecho de propiedad es la capacidad de individuos, empresas o gobiernos de decidir cómo se usa un recurso. Esto incluye el derecho de percibir los flujos de ingresos que ese recurso devengue, así como la posibilidad de arrendar y/o vender el mismo. Con esta última característica se entra en conflicto en algunos casos, como cuando existen controles de precio; por ejemplo, si cada estación de venta al detalle de combustible en República Dominicana no puede elegir el precio al que vende su producto, su condición de posesión total sobre el mismo es debatible.

Este poder tiene especial relevancia sobre la distribución de la riqueza. De hecho, algunas corrientes de pensamiento expresan cierto rechazo a los derechos de propiedad en la medida que comprometen la capacidad de crecimiento de las personas con pocos recursos. Esta ideología se contrapone contra el teorema de Coase, un economista ganador de Premio Nobel, que establece en su publicación llamada “El Problema del Costo Social”, que, si los costos de transacción son bajos, la asignación inicial de los recursos no impide que la distribución final de los mismos sea equitativa.

El beneficio de este pilar está sujeto a que el Estado, como ente que impone el orden y asegura que se respeten los derechos, sea congruente y justo en su accionar. La corrupción es un gran distorsionador de este orden.

Los derechos de propiedad son también clave al tratar el tema de la contaminación. Si una fábrica contamina todo el aire de Santo Domingo, por ejemplo, está violando de alguna forma nuestro derecho de propiedad sobre el aire dentro de nuestras casas. El Estado debe, entonces, velar porque esto no ocurra. Los derechos de propiedad son importantes por todas las razones descritas anteriormente, y es importante verificar que el Estado se mantenga firme en la defensa de los mismos.

Instituciones de la sociedad y su poder

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Para hacer buena economía, se debe tener en cuenta que las personas son humanas”. Mencionado por el último ganador del Premio Nobel de Economía, Richard Thaler, este supuesto aboga a que las personas no siempre toman las decisiones de manera racional. Un ejemplo de ello es la necesidad compulsiva de controlar las cosas, incluso si esto nos perjudica.

Las instituciones, ante esta necesidad de establecer reglas al comportamiento humano, son todo aquello que cumple un rol de regulador en la economía, cuyas principales funciones son controlar y mantener la armonía entre los individuos. Incluso, las decisiones de los individuos con relación a la sociedad vienen dadas por cómo cada ser humano percibe las reglas institucionales. Debido a esto, uno de los retos de las instituciones es que los individuos cumplan las reglas y actúen de manera racional al mismo tiempo. Para ello, se debe de tener una base institucional sólida que rectifique los incentivos de los distintos grupos sociales/económicos de la economía.

La inestabilidad de una sociedad radica en el vigor institucional que se posee. Sin embargo, esto se hace más difícil cuando entendemos que lo socialmente aceptado para algunos no lo es para otros, ya que la percepción de lo correcto e incorrecto viene dada por el núcleo social en el que cada individuo se desarrolla.

La sociedad puede diferenciar las instituciones por su formalidad, es decir, si son formales o informales. Las primeras son constituciones, leyes, contratos y elementos que se encuentran escritas y rigen el comportamiento de las sociedades, la segunda son extensiones y modificaciones de las reglas formales, que son socialmente reconocidas a base de una cultura o tradición. Por ejemplo, una institución formal es la constitución de la República Dominicana, mientras que una institución informal es saludar a las personas con un beso en el cachete cuando las veas.

A gran escala, la importancia de la base institucional radica directamente en el desarrollo económico de los países. Los derechos de propiedad, la aplicación efectiva de la ley, y la eficiencia burocrática son algunas de las muchas instituciones que deben estar bien definidas para que las fuerzas políticas, económicas y sociales tengan los incentivos suficientes. La necesidad de que los hacedores de políticas en los diferentes países definan las instituciones basándose en los incentivos sociales, establece gran parte del soporte necesario para el desarrollo de las economías.

 

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La energía como motor del desarrollo sostenible

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En la actualidad, una gran parte de las políticas gubernamentales se enfocan en el desarrollo sostenible de las naciones. El mismo, definido por Amartya Sen (ganador del Premio Nobel de Economía de 1998) como el proceso de expansión de las libertades reales, siempre y cuando no se afecten las capacidades de futuras generaciones, es la base conceptual de las agendas de desarrollo sostenible. La vigente “Agenda 2030 para el desarrollo sostenible” elaborada por la Organización de Naciones Unidas (ONU) consta de 17 objetivos, dentro de los cuales se encuentra la disponibilidad de energía asequible y no contaminante.

Para febrero de 2017, la producción de energía de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) fue de 829,744 gigavatios por hora (Gwh) con un crecimiento interanual de -3.26%. Como grupo, la OECD descompone su generación de energía en combustible (58%), nuclear (18%), hidráulica (14%), geotérmica y otros (10%). Desde otro enfoque, los cinco mayores productores de energía del grupo produjeron a la fecha de estudio un total de 235,399 Gwh. Dicha energía se vio distribuida entre Estados Unidos (55.65%), Japón (16.05%), Canadá (10.09%), Alemania (9.86%) y Francia (8.35%).

Por otro lado, de acuerdo al tipo de energía producida, en el caso de la nuclear se destaca la presencia de Estados Unidos (64,048 Gwh) y Francia (33,368 Gwh) como grandes productores. En este mismo sentido, en el caso la energía hidráulica se debe de mencionar el caso de Canadá (36,699 Gwh) y Estados Unidos (26,029 Gwh). Es importante mencionar este último tipo de energía por la baja contaminación que conlleva dicho proceso productivo, aspecto que puede no caracterizar la generación de otros tipos de energía como la nuclear (en el caso de accidentes).

Cabe destacar que la producción de energía tiene un fuerte componente estacional, en donde se eleva la producción a principios de invierno y de verano por el componente climático. En términos generales, dicho componente se evidencia en el uso de aires acondicionados (verano) o calentadores y servicios de calefacción (invierno), la producción agrícola y el uso de automóviles. Sin embargo, incluso tomando en cuenta la estacionalidad y el crecimiento poblacional, podemos ver que el crecimiento de la producción de energía eléctrica de los países de la OECD tiende a un punto de convergencia cero, evidenciando quizás la moderación de su ritmo de crecimiento poblacional.

A pesar de que las tasas de crecimiento de la producción de energía de la mayoría de los países de la OECD tienden a cero, existen oportunidades de mejora en algunos países donde la distribución de los recursos energéticos es desigual. Esta desigualdad es aún más marcada en los países fuera de la OECD, donde el trabajo de la agenda de desarrollo sostenible debe tener un mayor empuje en el futuro inmediato.