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Seguridad vial y desarrollo económico

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El desarrollo de una nación puede ser medido por el avance de su estructura organizativa a nivel político, económico, social, cultural y territorial. Muchos países avanzan más rápido por la dinámica globalizadora que por su propia estructura. En otras palabras, los individuos son movidos por sus propias necesidades conforme se le van presentando mejores oportunidades, las cuales son aprovechadas sin importar si existen las disposiciones adecuadas para el disfrute de las mismas. Esta dinámica muchas veces va más rápido que lo que el Estado puede hacer para modificar su asentamiento jurídico basado en los avances del día a día.

Un ejemplo claro de cómo el entorno social se desarrolla más rápido que sus propias leyes tiene que ver con la Seguridad Vial. Según estudios realizados por la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL), los países de ingresos medios y bajos se ven más afectados por las deficiencias en seguridad vial, pues el campo vehicular de los mismos se desarrolla a un ritmo más acelerado que el desarrollo de sus instituciones, caso contrario a lo que sucede en los países desarrollados.

República Dominicana no escapa de esta realidad, pues el parque vehicular ha crecido sostenidamente en los últimos años, no sólo con el incremento de la cartera de créditos para préstamos de vehículos nuevos y usados, sino también el incremento del transporte público y motoconchistas, que trasladan el creciente número de personas que se dirigen a sus actividades diarias desde tempranas horas.

Este crecimiento sostenido del campo automotriz se ha visto reflejado en dos puntos importantes: i) el aumento de horas que debemos permanecer en la vía para llegar a nuestros destinos (los famosos tapones), y ii) el incremento de muertes por accidentes viales, mayormente motoristas, con el 67% del total de fallecidos reportados por la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMET) para el 2015.

Recientemente, el Estado dominicano ha ejecutado importantes mejoras al desarrollo vial, impulsando la construcción y reparación de vías, con la incorporación de puentes y elevados de gran envergadura tanto en la ciudad de Santo Domingo como en el interior del país. De igual forma, también ha invertido en medios de transporte, como la incorporación de líneas de metro y nuevas unidades al sistema de transporte público metropolitano.

Adicional a la inversión pública para el desarrollo vial, se debe incorporar los esfuerzos del sector privado en sus alianzas con el gobierno para impulsar dicho desarrollo. Muchas de las alianzas público-privadas han permitido mejorar de manera más efectiva algunas deficiencias que ha venido teniendo el país en temas viales.

Sin embargo, todo desarrollo en pro de la sociedad debe ir acompañado de una estructura organizativa, institucional y jurídica apropiada para que los respectivos avances no queden aislados. En este mes de julio, la Cámara de Diputados introdujo un Proyecto de Ley de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial de la República Dominicana, con el objeto de mejorar algunas distorsiones que siguen afectando al país en esta materia. En términos generales, dicho proyecto busca mejorar la institucionalidad del sector, unificando diversas instituciones que intervienen en la planificación, organización y regulación del sector transporte.

Resulta evidente que la seguridad vial debe ir acompañada de un sistema de gestión interinstitucional eficiente. El hecho de mejorar la infraestructura vial del país no resuelve el problema de seguridad en el sistema de tráfico y transporte. Una red de instituciones interconectadas debe trabajar en función de establecer las normas y mecanismos necesarios para garantizar la seguridad de los ciudadanos dominicanos. No resulta fácil encontrarse día a día con ciertas fallas que empeoran el traslado vehicular y de peatones. Muchos ejemplos sobre estas fallas resultan claros:

  • No hay paradas establecidas para los carros de transporte público, que dejan a sus pasajeros en medio de la nada, frenando descontroladamente sin importar el vehículo que se encuentra detrás, lo cual puede ocasionar accidentes repentinos y tapones innecesarios.
  • Las guaguas voladoras manejan descontroladamente, sin respetar los carriles preestablecidos en la vía, interfiriendo el flujo normal por carril, lo que también genera tapones repentinos.
  • No existen parqueos suficientes en los establecimientos de la ciudad, provocando el uso de los carriles viales para estacionar, interfiriendo el fluir normal de los vehículos especialmente cuando el sentido de la vía es doble. Esto también ocasiona congestionamiento, pues se dificulta el paso de dos vehículos al mismo tiempo.
  • La educación vial también resulta necesaria, y forma parte del desarrollo de cualquier país. No se trata de manejar descontroladamente, se debe respetar las señales de tránsito y las normas del buen conductor.

El Estado debe tomar en cuenta que de aprobar y modificar las normas del sector transporte, no se trata solo de interconectar las instituciones sin que queden claras sus funciones, y más aún la forma de enfrentar y controlar tantas distorsiones. Hacer respetar las normas de tránsito cuando los ciudadanos no están acostumbrados no es tarea fácil. Sin embargo, una buena implementación de sistemas de pago de multas, una red de paradas ubicadas estratégicamente, y el establecimiento de parqueos obligatorios que no interfieran las vías, sería de gran ayuda para mejorar tantos conflictos que atentan contra la seguridad vial del país.

Hay que recordar que los accidentes de tránsito fatales no solo ocurren con los vehículos en movimiento, pues el efecto nerviosismo que genera estar trancado en un tapón, o que alguien está obstaculizando el libre tránsito por tu carril, puede terminar con actitudes violentas, que también forman parte de esos accidentes fatales.

Ordenar, regular, obligar y educar son considerados claves para lograr la seguridad vial que impulsa definitivamente el crecimiento económico y el desarrollo urbano de un país. Un sistema de comunicaciones eficiente y seguro, garantizaría para República Dominicana, el impulso de importantes fuentes de ingresos a través de sectores como el turismo (el traslado de turistas por excelentes carreteras resulta crucial); y el sector comercial, facilitando el transporte de productos desde las diferentes provincias del país.

La diversidad poblacional y su inclusión social: ¿un buen motor económico?

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Los acelerados procesos de globalización y migración han sido el cimiento para crecientes niveles de diversidad poblacional. No obstante, la falta de inclusión de minorías o grupos poblacionales con poco poder es un factor que ha caracterizado el curso histórico de muchas naciones. Ante una ola incipiente de programas y políticas de inclusión social de dichos sectores poblacionales, es relevante plantearse la incidencia económica que dicha integración podría generar. De aquí parte la interrogante: ¿es acaso la inclusión social, ante una población más diversa, un motor económico?

Sudáfrica hace poco más de 20 años se encontraba en el ojo del huracán ante una prolongada segregación racial conocida como el Apartheid. Paralelamente, la desfavorable situación económica de la nación era el reflejo de una nación con elevados índices de pobreza y prácticamente en quiebra. Desde que este sistema de segregación fue fulminado, Sudáfrica se ha convertido en la economía cabecera del África sub-sahariana. Su Producto Interno Bruto (PIB) aumentó al triple y sus reservas fueron diez veces mayores entre 1992 y 2012. Más importante, el evento dio lugar al surgimiento y desarrollo de una clase media que aún continúa en expansión. Dicha mejora económica también respondió a la eliminación de diversas barreras económicas impuestas a la nación a raíz de las intensificadas políticas discriminatorias. No obstante, persisten conflictos raciales, religiosos y culturales, no solo en la nación sino en el resto del continente, donde la poca prosperidad económica es acompañada por conflictos bélicos de naturaleza sociocultural.

El índice de competitividad global indica que Estados Unidos, Suiza, Alemania y Holanda son cuatro de los cinco países más competitivos. Igualmente, posee índices de desarrollo humano considerablemente elevados. Paralelamente, los mismos son países con permanentes políticas de inclusión para grupos sociales con etnias, religiones, géneros y preferencias diversas. La tendencia de apertura social es seguida por la gran mayoría de países de Europa Occidental,  del Sur y Nórdica. Consecuentemente, los países de Europa Oriental y Eurasia muestran niveles de desarrollo menores a los del resto de la región.

No obstante, países más ortodoxos como Singapur son económicamente exitosos, aunque mantienen una gran brecha de género en comparación con Estados Unidos, Canadá, Australia o países europeos. En ese mismo orden, el Foro Económico Mundial indica que países del medio oriente tienen índices de brecha de género menos favorables que el resto del mundo. Naciones como Qatar, los Emiratos Árabes Unidos, y Arabia Saudita se encuentran entre los 30 países con los índices más bajos. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional los sitúa entre las 30 economías más competitivas, y la Organización de las Naciones Unidas, entre los 50 estados con índices de desarrollo humano más elevados. Estas naciones en específico son importantes exportadoras de uno de los insumos más demandados e inelásticos: el petróleo, lo cual ha sido la clave de su éxito.

Dado estos planteamientos, ¿Cuál podría ser el argumento a favor de la inclusión social en términos económicos? Dicha integración llevaría a mayor aprovechamiento de una fuerza laboral capacitada a la que, frente a altos niveles de segregación y bajos niveles de inclusión, no se le podría sacar ventaja. La estrategia económica detrás de unas políticas de inclusión más contundentes es la utilización efectiva de la mayor proporción posible de capital humano para impulsar más exitosamente los distintos sectores económicos.

En Alemania, existen opiniones diversas sobre la integración al mercado laboral de la creciente ola de refugiados en la nación. Mientras un lado prevé que esto podría representar una importante carga económica, opiniones más favorables indican que la integración de estos grupos al mercado de trabajo podría mitigar el problema potencial que implicaría el hecho de que hay una creciente población envejeciente que se retira del mercado. Esta integración, no obstante, demandaría entrenar adecuadamente a los nuevos entrantes para que mantengan la prosperidad de las empresas, lo cual podría ser un peso muy costoso para la nación.

La República Dominicana, por su parte, percibe actualmente un flujo migratorio dinámico que aporta mano de obra que se ha especializado en diversos sectores económicos. Tanto la inversión extranjera como el establecimiento de empresas trasnacionales en el país abren la puerta a una importante entrada de recursos económicos y capital humano que puede traducirse en beneficios. Por otro lado, la participación de la mujer en el mercado laboral y las condiciones salariales bajo las que participan han mejorado con el pasar de los años. No obstante, la Organización de las Naciones Unidas en su Reporte de Desarrollo Humano indica que, en el país, si bien es cierto que la mujer posee, en promedio, un mayor nivel educativo que el hombre, tiene una participación menor en el mercado laboral. Esta inequidad se extiende a otras clasificaciones sociales. Por ende, la República Dominicana aún permanece en proceso de convertirse en una economía socialmente inclusiva, donde exista la apertura suficiente para aprovechar al máximo un capital humano de calidad, sin distinciones de género, nacionalidad, etnia, religión, preferencias u otro aspecto.

Estas explicaciones no son suficientes para indicar que la diversificación e inclusión de poblaciones heterogéneas son un claro impulso a las economías nacionales. Es imperativo realizar estudios económicos y matemáticos más contundentes en relación al tema para demostrar pragmáticamente la incidencia de una mayor integración en la potencial vitalización económica de una nación.

Oportunidades del sector seguros en República Dominicana

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Los seguros son un componente importante de toda actividad productiva, ya que son la forma de mitigar los riesgos asociados a las diferentes ramas del quehacer económico en un país. A pesar de que los ingresos del sector mantienen un crecimiento sostenido y alto en República Dominicana, existe oportunidad para aprovechar aún más su potencial.

El sector en números

El sector Seguros percibió ingresos por primas netas cobradas ascendientes a RD$ 35 mil millones en 2015. Al mes de abril de 2016, el sector acumula RD$ 12 mil millones en primas netas cobradas, con un crecimiento absoluto de RD$ 1.7 mil millones (16%) en comparación con el mismo período de 2015. El crecimiento de los ingresos del sector casi duplica el crecimiento económico nominal de la economía.

Los principales productos del sector de seguros son los asociados a vehículos de motor, incendio y aliados, y vida, que han crecido hasta el mes de abril de 2016 en 13.7%, 14.3% y 9.9%, respectivamente, en comparación con el mismo período de 2015. Las primas cobradas por seguros de salud, aunque inferiores a los productos anteriores, mantienen un crecimiento absoluto similar al mes de abril de 2016 (alrededor de RD$ 450 millones).

Las principales compañías del sector son Universal, Mapfre BHD y Banreservas, que cobraron en 2015 el 25% (RD$ 9 mil millones), 18% (RD$ 6 mil millones) y 16% (RD$ 5.5 mil millones) de las primas totales del sector. Estas compañías poseen un alto nivel de diversificación por producto, penetrando varios mercados a la vez. Otras, como Scotia, La Monumental, Pepin y Worldwide, se concentran mayormente en un sólo tipo de producto.

Oportunidad para la actividad productiva

Las actividades productivas industriales y agropecuarias actualmente subutilizan los servicios del sector de seguros. Esto responde a la vez a que la oferta de productos quizás no se adapta a sus necesidades reales y que hay poca educación financiera en el país sobre la importancia de mitigar riesgos.

Solamente en el sector agropecuario hay mucho trabajo por hacer, ya que República Dominicana es uno de los países de Latinoamérica con menor penetración del sector Seguros en la actividad agrícola. Es muy difícil que este sector realice su potencial exportador si no está atado a productos financieros que mitiguen el riesgo climático y de otro tipo que pueda destruir cosechas enteras y representar pérdidas importantes para los inversionistas asociados.

Si a las compañías actuales no les resulta interesante expandir esta línea de productos (que no implica asumir mayores riesgos, ya que lo que se asegura en República Dominicana se re-asegura fuera del país), el Estado podría velar por obtener socios externos que, a través del mecanismo público o una alianza público-privada, brinden apoyo.

Es claro entonces que los ingresos de las compañías de seguros mantienen un crecimiento alto y sostenido. Mayor penetración de los seguros en la economía facilitaría la mitigación de riesgos en sectores comúnmente considerados riesgosos, pero con alta rentabilidad. Esto facilitaría mayor inversión, idealmente en actividades orientadas a la exportación. Aún existe espacio para que el sector de seguros apalanque todo el potencial productivo del país, haciendo crecer su rentabilidad y consigo la rentabilidad de todas las inversiones productivas dominicanas.


Fuentes:

Iturrioz, R. (2014) Agriculture Insurance in Latin America

Superintendencia de Seguros de la República Dominicana

Estadísticas (clic para ver):

Primas Netas cobradas enero-abril 2016 por producto

Primas Netas cobradas enero-abril 2016 por compañía

Primas Netas cobradas enero-abril 2016 por compañía y producto

Penetración de sector seguros en agropecuaria por país