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Leapfrogging

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Una de las características de los países desarrollados es que siempre tratan de incorporar tecnología de punta dentro de sus procesos; se mantienen constantemente renovando sus maquinarias, haciendo sus procesos más eficientes y buscando de manera activa nuevas formas de incrementar su productividad. Sin embargo, en los países emergentes, donde la tecnología es más antigua que la de los países desarrollados, pueden darse situaciones donde el país emergente logre incorporar tecnologías de punta más rápido que en países avanzados.

A esta situación en materia de desarrollo económico se le conoce como “Leapfrogging”, en donde un país emergente puede saltarse pasos intermedios y sobrepasar a su competencia, permitiéndoles en el proceso estimular un desarrollo económico y social.

El concepto se fundamenta teóricamente en las ideas de “destrucción creativa” de la escuela aústriaca de Joseph Schumpeter. En nuestro contexto, la teoría explica que algunos países tecnológicamente avanzados pueden tener menos incentivos a renovar tecnologías que algunos países emergentes que pasan por un proceso de destrucción creativa (nueva tecnología debe de dominar y reemplazar a la antigua). En el momento que los países rezagados decidan tomar el riesgo, sobrepasarán a su competencia y serán el nuevo líder tecnológico.

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Educación en línea: las dos caras de la moneda

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Los costos de la educación superior han mantenido un alza constante a través de los años. Específicamente en el caso dominicano, la misma ha aumentado en 78% desde el 2011 a la fecha, según datos del Banco Central. La situación actual abre la puerta a la búsqueda de otras opciones para formarse académicamente.

Considerando lo anterior, el desarrollo de la tecnología y el fácil acceso a la información se hace atractiva la opción de evaluar la educación en línea como alternativa. Este tipo de educación es capaz de otorgar certificados y hasta maestrías, compitiendo con la educación presencial. Pero ¿podría algún día llegar a sustituir o competir con la educación cara a cara? Para responder esto, primero es necesario entender la composición del sector de educación y cómo ha ido cambiando.

Datos importantes del sector

Para 2017, en los Estados Unidos un total de 6,657,460 estudiantes estaban inscritos en algún curso en línea, lo que conforma un 33% de la población estudiantil total. Esta cifra significaba un crecimiento de 6.4% respecto a los registros del año anterior.

Es interesante observar a la población que apunta la educación a distancia. El 40% de los estudiantes en línea superan los 30 años, y de igual manera, el 76% de los programas señalaron que su público principal eran adultos que desean volver a estudiar después de una ausencia. Por lo tanto, se puede concluir que el grupo específico que recibe el mayor impacto de la educación en línea, son adultos probablemente con trabajo que buscan nuevas oportunidades de estudio.

Ventajas y desventajas

El aprendizaje en línea tiene ventajas y desventajas frente al aprendizaje presencial. Las ventajas parecen claras, además del menor costo, el estudiante puede manejar su tiempo según su conveniencia y seleccionar los cursos que más le interesen. De alguna forma el estudiante sería capaz de diseñar su propio pénsum de estudio según sus preferencias e ir desarrollándolo al ritmo que más le convenga según su situación. Como desventaja destacan la falta de interacción social y el valor añadido que puede otorgar un profesor presencial.

Evidencia empírica

Por lo tanto, llegamos a la pregunta final ¿podría la educación en línea verdaderamente llegar a ser un sustituto de la presencial? La respuesta es incierta, Caroline Hoxby, investigadora de Stanford, intentó responderla en el año 2017 con el paper “The Returns to Online Postsecundary Education”. En el mismo se mide la diferencia en salarios que brinda estudiar al menos tres años exclusivamente educación en línea y los resultados llaman la atención. Contrario a lo que de antemano se pudo haber pensado, la investigación demuestra que el aumento en el salario de los estudiantes en línea fue significativamente menor al de la educación presencial y que en muchos casos ni siquiera llega a pagar la inversión realizada. Estos resultados son obtenidos controlando por capacidades de los estudiantes, tipo de curso y cualquier otra variable que pueda hacer que los grupos no sean comparables.

¿Qué nos dice esto? Demuestra que la educación virtual no ha obtenido todavía la suficiente rigurosidad o aceptación para competir con la presencial en el mercado laboral, pero no significa que debemos olvidar los beneficios de la educación en línea, su potencial, y su efecto en la población que busca impactar. El público objetivo de este mercado está compuesto (en una gran proporción) por personas que buscan complementar sus conocimientos por requerimientos laborales, y por ende, el beneficio puede estar reflejándose fuera del salario. Además, la variedad de cursos en línea puede servir como complemento ideal para un currículum universitario y el bajo costo de estos puede aumentar el alcance de la educación a poblaciones necesitadas. La enseñanza en línea tiene un camino que recorrer, pero su capacidad de penetración en el sistema educativo le podría terminar generando más aceptación, logrando algún día más impacto en el mercado laboral.


Las apreciaciones expresadas en este artículo no constituyen bajo ningún concepto recomendaciones que puedan utilizarse como punto de partida sobre decisiones inversión, gestión empresarial, finanzas personales o cualquier otro tipo de decisión. Este artículo es solamente un ejercicio intelectual y de opinión sin ningún fin de asesoría o toma de decisión.

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El lado naranja de la economía

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Sin lugar a duda habitamos en un entorno meramente digital y cada vez es más imprescindible el uso intensivo de la tecnología. Compartimos instantáneamente logros, noticias y sucesos de interés a través de las redes sociales; de hecho, incluso las utilizamos como medio trabajo. Antes de alcanzar los dos años, los niños ya saben manipular las tabletas y teléfonos inteligentes. Cada día se desarrolla un nuevo software que facilita la realización de nuestras tareas cotidianas. Indiscutiblemente, la creatividad ha sido el motor del desarrollo de la era digital.

Tal como expresa John Howkins, la economía creativa ─también conocida como economía naranja, porque este color representa la cultura, la creatividad, la identidad y la transformación─ se fundamenta en sectores en los que el valor de sus bienes y servicios se basa en la propiedad intelectual. Esta economía le otorga al talento, intelecto y a la cultura un espacio que propicie la explotación de las habilidades innatas y adquiridas de los individuos de una sociedad, guiadas por la herencia cultural de su entorno y la tecnología, para que se traduzca en un crecimiento de la economía en general, como respuesta a la creación de nuevos empleos, el empoderamiento y el bienestar de los ciudadanos.

Su impacto a nivel mundial ha exhibido un comportamiento extraordinario. Como su insumo principal son las ideas, los sectores creativos han exhibido menos volatilidad que los demás rubros. En detalle, la economía naranja mostró cierto grado de resiliencia a la crisis global de 2008; mientras la economía creativa solo se contrajo un 12%. Así mismo en 2011 aportó US$4.3 millones de millones a la economía global, equivalente al 120% de la economía de Alemania.

Según la Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) las exportaciones de los bienes y servicios creativos crecieron un 134% de 2002 a 2013. Si las mismas fueran parte de la clasificación que hace el Centro Internacional de Comercio (ITC por su sigla en inglés), constituirían la quinta mercancía más transada del planeta. En 2015 este segmento generó ingresos de US$124,000 millones y creó 1.9 millones de empleo en la región de América Latina y el Caribe.

En Buenos Aires en el 2012, uno de cada diez empleados pertenecían a la industria creativa, generando nueve de cada 100 pesos de la economía de Argentina. Para el mismo año, el Carnaval de Río de Janeiro (elemento cultural del rubro en cuestión) captó aproximadamente a 85,000 visitantes que favorecieron a la economía con más de US$628 millones en consumo. Por otro lado, el incremento de suscriptores (que ahora totalizan 33 millones) alcanzado por Netflix, acompañado por las más de 100 horas de video publicadas cada minuto a través de YouTube son otra prueba del auge de la economía naranja.

La economía dominicana se ha visto impactada de forma positiva por su lado naranja. Según los datos del Banco Central y el Ministerio de Cultura, este aporta 1.5% del Producto Interno Bruto y da lugar a de medio millón de empleos, equivalente al 12.5% de la fuerza laboral dominicana. Del mismo modo, para 2012 el país exportó aproximadamente US$198 millones en bienes y servicios de las industrias creativas.

El impulso de la economía naranja en República Dominicana ya es notorio. La puesta en escena de la nueva Ley de cine ha contribuido al despegue de este sector. A medida que se implementen políticas públicas y medidas a favor del desarrollo de las industrias creativas y culturales, tendremos más líderes creativos, que no se limitarán tan solo a la generación de plazas de empleo y riqueza, sino que construirán sociedades menos vulnerables a factores adversos no predecibles.

 

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